viernes, 10 de diciembre de 2010

NANAS DE LA CEBOLLA


La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

MI OPINIÓN

Miguel Hernández escribió este poema cuando se enteró de que su mujer sólo se podía alimentar de pan y cebolla mientras tenía que amamantar a su hijo. En él se ve muy claramente como el autor está sufriendo, ya que se siente impotente de no poder hacer nada para remediarlo, debido a que en ese momento estaba metido en la cárcel.

Ya en la primera estrofa comienza hablando del hambre que su mujer está pasando y de que la ahoga con una simple cebolla, y que esto le carcome por dentro [...escarcha de tus días y de mis noches. Hambre y cebolla...].

Después continúa hablando de que su hijo era un bebé y que era alimentado a base de cebolla y pan, ya que si la madre se alimentaba de eso, el hijo también [En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba...].

En las siguientes estrofas vuelve a hablar de su mujer y de la tristeza que ésta está pasando, pero que sólo lo sofoca con la risa de su hijo. Además habla de que esa risa es lo que le hace seguir adelante y pensar en algo bueno, en algo feliz [Alondra de mi casa, ríete mucho. Es tu risa en los ojos la luz del mundo...].

A partir de la octava estrofa habla de la preciada inocencia de su hijo, la que le hace tan frágil pero a la vez tan feliz. Quiere que nunca se desprenda de esta inocencia, para que así nunca lo pase mal, para que siempre sea ingenuo y no se de cuenta de lo que pasa en realidad [Desperté de ser niño. Nunca despiertes...], [...No sepas lo que pasa ni lo que ocurre...].

Para mí este poema en un principio no me llamó la atención, ya que lo miré sin mirarlo, es decir, que no me puse a interpretarlo, a ver lo que en su interior conllevaba. Gracias a un programa que emitieron en la televisión en el que hicieron una especie de biografía de este autor, me di cuenta de lo que realmente quería expresar y de lo mal que esa familia lo tuvo que pasar con todas las cosas que le ocurrieron. Ahora me he dado cuenta de que la poesía es una forma de expresión muy potente, ya que como hacía el poeta, es una buena manera de desahogarse.

ELENA

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